En la línea de fuego
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“Estoy viendo tu película: Noviembre de 1963, ‘Los últimos días de Kennedy’. La llegada a Texas debió de ser emocionante para ti, Frank. Dallas, aquella mañana en el aeropuerto. Se os veía a todos radiantes, a JFK, a Jackie y a ti. Parecías tan joven y capaz, Frank. ¿Qué sucedió contigo aquel día? Sólo un agente reaccionó al disparo y tú estabas más cerca de Kennedy que él… Por la noche, cuando llegan los demonios: ¿Ves el rifle saliendo de aquella ventana o ves la cabeza de Kennedy saltando por los aires?…”. Clint Eastwood está… ‘En la línea de fuego’.

Crítica de En la línea de fuego

En 1993, Wolfgang Petersen se enfrentó al gran reto de liderar, desde la silla de director, un proyecto importante en USA. Todo tras afrontar dos films menores en Hollywood como fueron ‘Enemigo mío’ (1985) y ‘La noche de los cristales rotos’ (1991), y pasada ya más de una década de su gran obra, ‘Das Boot: El submarino’ (1981).

La cinta que Petersen llevaría al éxito es la que hoy nos ocupa, la tremenda ‘En la línea de fuego’, un film que no podía ser protagonizado por otro actor que no fuera Clint Eastwood, que el año anterior había alcanzado la cima del crepúsculo con la monumental Sin perdón (1992). Así pues, en el citado año 93, Clint se apuntaría un nuevo éxito corriendo al lado del coche del presidente. Por su parte, Petersen presentó aquí su candidatura para hacer carrera en Hollywood y unos años después entregaría ‘Air Force One’ (1997), una especie de remake encubierto de ‘En la línea de fuego’ con terroristas rusos y un presidente tomando las armas para defender a su familia y a su patria.

A pesar de ser un éxito incontestable con 176 millones de dólares para 40 invertidos, ‘En la línea de fuego’ no fue nº1 de taquilla durante ninguna de las trece semanas seguidas que permaneció en la cartelera USA. Acabó ese año como la tercera cinta con calificación R (para mayores de 16 años) más taquillera, y sólo por detrás de ‘Una proposición indecente’ (Adryan Line, 1993) y ‘La tapadera’ (Sidney Pollack, 1993), acabando su recorrido comercial como el film más taquillero de la carrera de Clint Eastwood, que ese mismo año estrenaría (como director y co-protagonista) otra de sus grandes: ‘Un mundo perfecto’ con Kevin Costner en el rol principal.

Apoyada por el mismísimo servicio secreto, ‘In the Line of Fire’ (título original) se comenzó a cimentar en la mente del productor Jeff Apple, quien en 1990 encargaría a Jeff Maguire un guión que siguiera los pasos de un agente del servicio secreto teniendo una segunda oportunidad para redimirse. Una vez el script fue vendido a Castle Rock, estos contactaron con Clint Eastwood, quien aceptó de inmediato volver a ser un héroe con defectos al estilo de sus apariciones en ‘La lista negra’ (Buddy Van Horn, 1988) o ‘El principiante’ (Clint Eastwood, 1990). El grueso del rodaje se filmaría en Washington DC.

‘En la línea de fuego’ es un trepidante thriller político/conspiranóico que sigue los pasos (muy bien medidos) de Leary (John Malkovich), un tipo muy peligroso y que se mueve como una serpiente en busca del momento cumbre de su vida: pasar a la historia como el asesino del presidente de EEUU, como Oswald o Booth. Para que el juego sea más apasionante, Leary ha elegido a un rival a su altura: un veterano agente que estuvo en la comitiva de guardaespaldas de Kennedy treinta años atrás: Frank Horrigan, un veterano agente al que dentro del servicio secreto tienen como un mueble viejo y colocado donde menos molesta.

Petersen dirige con una solvencia monumental un film que se mueve dentro del terreno psicológico: el perfil de Leary, el acoso telefónico a Horrigan, el derrumbe emocional de éste… Además, tenemos el milimétrico plan de Leary y siendo la contraposición de ambos personajes la que sustenta todo el film. Un contraste que se hace creíble por la pose de cowboy fuera de su hábitat que encarna Eastwood/Horrigan (degustando un rol típico en su filmografía) y la amenaza monumental que recrea Leary/Malkovich (sus monólogos telefónicos son tremebundos) apareciendo casi durante una hora tan solo con su voz. En ese aspecto, el film está notablemente dirigido, escrito e interpretado, ningún “pero” en ese apartado. Conforme van pasando los minutos, vamos siguiendo las pistas de Horrigan en busca de Leary, y cómo éste se acerca lo suficiente como para que el juego del gato y el ratón enganche de lleno al espectador en un crescendo de suspense y acción. Todo esto desembocando en un clímax con todos los personajes convergiendo en un mismo lugar y cada uno adoptando su papel en la historia: un héroe y un villano frente a frente.

Pocas pegas se le pueden poner a esta película, quizás el romance entre los personajes de Horrigan y Lilly Raines sea una de esas pegas… y no por qué ambos no congenien en pantalla, más bien por el hecho que deviene en un encuentro muy típico y que, por momentos, detiene el acoso psicológico y físico entre los dos auténticos ejes del film Horrigan y Leary.

Rematando todos los aspectos notables que envuelven esta gran película, detrás de la música encontramos nada más y nada menos que a Ennio Morricone, quien entrega una partitura muy noventera y algo impersonal. Una BSO que, seguramente, no está a la altura de sus grandes obras, pero aun así resulta más que correcta.

Si ya he comentado la labor de Clint Eastwood como el único actor de Hollywood capaz de hacer creíble el rol de guardaespaldas del presidente, también es justo alabar la impresionante labor de John Malkovich como Leary. Hasta este momento, Malkovich era un actor con cierta presencia en papeles secundarios, pero fue su enorme labor en este film lo que lanzó a la primera línea. No en vano, cuatro años más tarde, se encargaría de revisitar su papel de villano psicópata con su aparición en ‘Con Air’ (Simon West, 1997) dando vida al inenarrable Cyrus “El virus” Grisson.

Por otro lado, tenemos a Rene Russo como Lilly Raines. Russo no tiene culpa de que su personaje sea un cliché andante, y resuelve la papeleta con solvencia. En el resto del elenco importante encontramos a John Mahoney (Sam, uno de los pocos que aún confía en la valía de Frank para seguir en la línea de fuego que da título al film), Fred Dalton Thompson (Harry, un malencarado jefe de gabinete que no traga a Frank), Dylan McDermontt (Al, el compañero novato del protagonista) y en un cameo expendable a Tobin Bell como Mendoza, un falsificador en la apertura del film.

La forma en que está estructurada la cinta hace que apenas queden momentos de lucimiento para otros que nos sean los tres nombres que aparecen destacados en la carátula del film, esos son Clint Eastwood, Rene Russo y John Malkovich. Los demás deben de conformarse con las migajas y los tiempos muertos entre el cerco que va estrechando Frank y la misión que va completando Leary.

En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de En la línea de fuego, un thriller rodado por un alemán que se pliega perfectamente al género de “americanada” (dicho de una manera no despectiva) en donde acaba encuadrándose la cinta. Enorme duelo interpretativo entre dos grandes en sus campos como son Eastwood y Malkovich, este último patentando sus personajes de tipos inquietantes. El film además presenta una trama muy bien hilada que hace creíble el plan de Leary, y que luego fue retomada en multitud de films posteriores. Todo un clásico noventero.