El planeta de los simios (2001)
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Tras varios intentos que no fructificaron durante la década de los 90, en 2001, por fin, la Fox encontró en Tim Burton al director ideal para relanzar una de las más emblemáticas historias de la ciencia ficción de los años 60 y 70; la que situaba a la humanidad sometida a una nueva era en donde el hombre ya no era el ser dominante. Un futuro nada halagüeño en el que nos tocaba vivir en… ‘El planeta de los simios’.

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Crítica de El planeta de los simios (2001)

Como ya afirma Tim Burton en los comentarios del DVD de ‘El planeta de los simios’, no estamos tanto ante un remake al uso, sino ante una nueva reinvención que la FOX quería llevar a cabo para el nuevo siglo. Crear un universo nuevo de los simios, con un punto de partida diferente al de los films protagonizados por Charlton Heston (quien en realidad sólo participó en las dos primeras cintas de la saga) en donde Burton, plegándose en parte a las directrices de la Fox, se encargaría de reinventar los inicios de la franquicia con un nuevo punto de partida y un final con marcadas diferencias del original.

Burton, en lo que él dice ser una decisión suya, optó por narrar el film desde el punto de vista de los simios, y contar con actores conocidos y de interpretaciones poderosas o muy personales, para que se pusieran tras el maquillaje diseñado por Rick Baker, bajo la supervisión de ILM (Industrial Light & Magic).

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Ya desde su comienzo, el film toma la perspectiva del simio; primero en los créditos iniciales en donde la cámara va recorriendo diferentes recovecos del casco y traje de un soldado… para descubrir los imponentes ojos de un simio mirando de frente al espectador. Luego pasamos directamente a una nave tripulada por un chimpancé que usan como piloto de pruebas, y al que adiestra el astronauta Leo Davidson (Mark Wahlberg). Y así durante todo el metraje, siendo esta la mayor diferencia de la fuente cinematográfica en donde Heston acaparaba el protagonismo por encima de los simios del título, luciendo pelo en pecho y testosterona de macho alfa.

Aquí Burton no esconde en ningún momento sus simpatías hacia los simios, dejando a los humanos en un segundo plano que luego, a la hora de devolver el protagonismo a los humanos (el grupo de renegados comandados por el viejo Karubi -Kris Kristofferson- y el propio Davidson) nos encontramos con que el film ya ha perdido un poco la efectividad y entra en un estado de indefinición, tanto argumental como romántica (Davidson no termina de decantarse ni por la atracción humana hacia Daena o la simio “amiga de los humanos”).

Una indefinición que ya sólo nos deja los fuegos de artificio y un desatadísimo show por parte de un eléctrico y asalvajado Tim Roth como Thade… dejando de lado la herencia original, que no era más que un drama esclavista/racial llevado al límite. Todo ello en una premisa absolutamente genial en la que los simios eran la raza predominante y los humanos los salvajes primitivos, y como marco un futuro nada esperanzador… y mucho menos conforme iba avanzando el metraje, hasta culminar en uno de los finales más impactantes y míticos de la ciencia ficción y del cine en general.

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Está claro que la FOX no eligió a Burton por casualidad, ya sabían de antemano que un director conocido por ser un símbolo freak sabría dar el ambiente que buscaban al film. Así los personajes más interesantes acaban siendo los que llevan mascaras y un muy currado maquillaje obra de Rick Baker. De entre ellos, sobresalen el ya mencionado Thade, o su mano derecha Attar (Michael Clarke Duncan, 1957-2012), también podemos ver curiosos esbozos de simios totalmente corrompidos por los vicios humanos carentes de la disciplina que muestran Thade y los residentes en el poblado: son aquellos que montan el campamento junto al río que marca la frontera con “La Zona Prohibida” que, en vez de vigilar la inminente llegada de los humanos, se dedican a perder el tiempo jugando a las cartas.

¡Y cómo no! es imposible no destacar el descomunal cameo del propio Charlton Heston, como el anciano simio padre de Thade, que le planteará un revelador monólogo a su hijo y que culminará con una de sus frases más recordadas de la película original. Todo un detalle para los fans del film protagonizado por Heston.

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Entrando ya de lleno en el elenco tenemos un reparto destacado dividido en dos grupos: Humanos Vs Simios. Encabezando el primero de ellos tenemos a Mark Wahlberg en su primer papel protagonista de peso en una superproducción, lejos aún de las tablas que muestra hoy día, y de la intensidad dramática que ganó con el paso de los años y mostró muy acertadamente en films como ‘Infiltrados’ o ‘The Fighter’. Wahlberg no logró (ni por asomo) llegar al nivel de carisma arrollador del original de Heston, incluso el propio Burton no confiaba mucho en que el actor diera el pego como astronauta, y por ello Wahlberg no luce el traje espacial, sino una especie de chándal futurista blanco, que se va haciendo jirones conforme avanza el metraje. A Mark se le ve incluso perdido en varios momentos del film, no sabiendo muy bien hacia dónde dirigir su personaje: si ante un líder revolucionario o simplemente a un tipo que quiere volver a su nave en el espacio, su zona de confort, y dejar atrás los problemas.

El que sí tiene claro lo que es ser un líder es Kris Kristofferson (Karubi), el cabecilla de los humanos que persisten en vivir libres lejos del dominio de los simios, un hombre que está dispuesto a sacrificarse por el bien común. Kristofferson lleva a cabo su típica interpretación de viejo duro y curtido, y lo hace sobrado. Estella Warren es Daena, hija de Karubi (quien estaba relacionada fuera de las cámaras con Burton por aquellos años, y básicamente su papel se debe a ello). Warren vivió en los primeros años del siglo XXI sus cinco minutos de fama gracias al anuncio de Caperucita Roja para “Chanel” o su aparición en este film y ‘Driven’ (Renny Harlin, 2001), pero en Hollywood no tardaron en darse cuenta de su limitado talento, y hoy día es una olvidada más. Sobre su papel, además de lucir palmito, sirve para dar paso a una diatriba romántica imposible en la que se ve sumido Davidson, quien duda entre su atracción física por Daena, o su digamos, compasión por Ari, es decir, entre liarse con una súper-modelo como Warren o con una simia (con los rasgos convenientemente suavizados y humanizados) a la que interpreta Helena Bonham Carter, quien dicho sea de paso, logra empatizar con el espectador debido a sus buenos sentimientos para con los humanos. ¿Pero tanto como para enamorarse de ella? Personalmente, creo que no.

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Pasando a los simios, encontramos al sempiterno villano Tim Roth en una imponente performance (de lo mejor del film) como Thade, un aniquilador de humanos y de todo aquel que vaya contra la profecía de Seamus o desafíe su autoridad. Su general del ejército y mano derecha es Attar interpretado por Michael Clarke Duncan, otro al que el físico ya le valía para sacar adelante estos papeles de duro. Paul Giamati es Limbo, el tratante de esclavos humanos, un personaje burlón y cobarde destinado a marcarse algunas gracietas durante el film, en lo que es un alivio cómico de cajón.

Uno que no está para bromas es Krull interpretado por Cary-Hiroyuki Tagawa. Licenciado en mil y un malosos del cine de acción, Tagawa tiene aquí un papel de reparto que pasará desapercibido para el espectador al estar bajo maquillaje, ya que no tiene el caché de Giamati o Bonham Carter, los cuales lograron que sus rasgos humanos fueran reciclados y usados para su “yo simio”.

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En resumidas cuentas. 
Finalizo esta crítica de El planeta de los simios (2001) aclarando que fue un proyecto de encargo para Burton y quizás por eso mismo no se encuentra entre sus mejores creaciones. Quiere ser una película de Burton, pero al mismo tiempo un megahit de aventuras accesible a todo el público, y en esa indefinición se acaba uniendo lo bueno y lo malo del film, el quiero y no quiero. Al final todo queda en manos de los actores y su personalidad; donde Roth, Clarke Duncan, Bonham Carter y el papel/homenaje a Heston son los ganadores de la función, mientras que Wahlberg se queda en terreno de nadie, en ese lugar donde el héroe nunca debe posarse, preso de un producto que nunca supo bien hacia dónde ir.

Tráiler de El planeta de los simios (2001)