El infierno verde
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“Acción o costumbre humana de comer carne de seres de su misma especie, generalmente de forma colectiva y siguiendo un ritual”. Eso es lo que es el canibalismo y esto es lo que Eli Roth nos ofrece en… ‘El infierno verde’.

“¡Bienvenidos a la jungla!”.-Alejandro.

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Crítica de El infierno verde

En 1980 el director italiano Ruggero Deodato conmocionó al mundo con su película ‘Holocausto caníbal’, uno de los primeros films de “metraje encontrado/falso documental”, en la que unos reporteros cometían una serie de tropelías en la selva amazónica, recibiendo al final un tremebundo castigo por parte de una tribu de caníbales. La mayor virtud de aquel film fue su tremendo realismo y su (aún hoy en día) desagradable “modo de filmación”. Todo ello salpicó a Deodato a nivel personal, siendo llamado por la Justicia para aclarar la realidad o no de lo que había filmado… ni qué decir tiene que ‘Holocausto caníbal’ recibió numerosas prohibiciones y censuras, y dio origen a varias secuelas bastardas que trataron de vivir a rebufo de la misma.

En 2013 el “sangriento” Eli Roth dirigió ‘The Green Inferno’, una película que, por unos motivos u otros, nos llegó en abril de 2016 gracias a La Aventura Audiovisual. Aclarar que en EE.UU. también tardó en ver la luz, de hecho, fue estrenada el 25 de noviembre de 2015, recaudando algo más de 7 millones de $ para un coste de 5.

‘El infierno verde’ se plantea como un homenaje al film de Ruggero Deodato y al exploitation caníbal italiano, de hecho, casi al final de los créditos se incluye un listado de películas relevantes del género, entre ellas: ‘Il paese del sesso selvaggio’ (Umberto Lenzi, 1972), ‘La montagna del dio cannibale’ (Sergio Martino, 1978), ‘Cannibal ferox’ (Umberto Lenzi, 1981) o las propias películas de Ruggero: ‘Ultimo mondo cannibale’ (1977) y ‘Cannibal Holocaust’ (1980). Inclusive, los créditos se cierran con una dedicatoria final: “Per Ruggero”. ¡Ah, por cierto! y hablando de los créditos, pasados los iniciales de los nombres de los intérpretes (con sus correspondientes cuentas de Twitter) hay una escena post-créditos. En esa escena, la trama de la película continúa con una inquietante conversación telefónica.

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Si habéis visto alguna de las películas citadas en el párrafo anterior de esta crítica de El infierno verde, ya sabéis más o menos lo que podéis encontrar en esta nueva “travesura” de Eli Roth, es decir, un grupo más o menos variopinto de personajes “civilizados” que se internan en la jungla dónde termina pasando las de Caín… En este sentido, el film se divide claramente en dos mitades: en la primera asistimos a como la joven Justine se integra en el equipo de activistas de Alejandro y los vemos viajar a Perú. La segunda mitad comienza pasados unos 35-40 minutos, aquí los protagonistas, tras un incidente inesperado, caen en manos de los caníbales y ya se monta “la de Dios” con: descuartizamientos, canibalismo y sangre por un tubo… todo ello mostrado de manera absolutamente explícita y tan grotescamente que, en algunas ocasiones, más que horror produce alguna risa.

Ahora bien, en favor de este típico libreto escrito por el propio Eli Roth (con la colaboración de Guillermo Amoedo) hay que resaltar como punto positivo el hecho de intentar sacar a la luz los tejemanejes de algunos grupos de activistas/cooperantes. Grupos en los que no se sabe bien de dónde sale ni a dónde va el dinero, que se aprovechan de la inocencia y buena voluntad de sus integrantes, y cuyos intereses reales son tan oscuros como los de aquellos a los que dicen “combatir”… ¡Ojo! también a la muy bien tirada advertencia que hace Eli Roth a no ir propagando por ahí “de dónde vienes y a dónde vas” porque nunca sabes quién puede estar escuchando o tomando nota…

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En la cinta es justo destacar la increíble ambientación natural repleta de verde, no en vano, la película se hizo “a la vieja escuela”, rodando en los entornos naturales de Perú, concretamente en la remota aldea de Callanayacu (como ya comenté en el especial En el interior de El infierno verde). Así pues, un gran aplauso para Eli Roth y su equipo, sin duda.

Además, llamar también la atención al respecto del uso del color para ambientar y causar impresión, temor y pánico. Dejando de lado el verde del entorno natural, hay que destacar el rojo con el que van pintados/teñidos los indígenas y que les hace parecer a ojos de sus víctimas como auténticos diablos… Eso sí, no todos van de rojo… el matarife local va de negro y la jefa o chamana/hechicera lo hace de naranja… se marcan así también “las diferencias de clases o jerarquías” entre los salvajes caníbales.

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“Este es el hogar de los Yajes. Dejar en paz la Naturaleza”… Desayunando activistas.

En el reparto del film, del numeroso grupo de activistas que inician el viaje (creo que vendrían a ser más de 10 cuando comienzan la expedición), sobresalen: Lorenza Izzo, Ariel Levy, Daryl Sabara, Kirby Bliss Blanton, Magda Apanowicz, Aaron Burns y Nicolás Martínez.

Lorenza Izzo es la que más destaca con una buena y muy sufrida interpretación totalmente metida en su rol de Justine. Ariel Levy da vida a Alejandro, el “carismático” jefe de los activistas que se cree por encima de todos. Ariel al principio decepciona porque su inglés no es precisamente “brillante” y recita sus frases totalmente de memoria y con poca naturalidad… afortunadamente va mejorando algo según avanza el film. Daryl Sabara (el antaño Juni Cortez) realiza una correcta labor como Lars, el ingenuo y “fumeta” del grupo. Kirby Bliss Blanton y Magda Apanowicz cumplen con su rol de lesbianas activistas. Finalmente, tenemos a Aaron Burns como Jonah, el gordito del grupo con todo lo que eso le va a conllevar en la selva… y Nicolás Martínez que hace un buen papel dando vida a Daniel, el ingeniero del equipo.

De los caníbales llamar la atención al respecto de que todos eran miembros de la comunidad de Callanayacu y participaron encantados en el rodaje. Si acaso, nombrar al actor chileno Ramón Llao que hace las veces del matarife local.

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En conclusión.
Como homenaje al exploitation caníbal italiano y al propio Ruggero Deodato esta película de Eli Roth funciona y en su “segunda parte” te da un buen banquete de horror. Ahora bien, su problema es que en ningún momento consigue superar (ni tan siquiera alcanzar) el desasosegador realismo y la malsana atmósfera de todos aquellos films… quizás sea porque nosotros también hemos visto ya demasiadas barbaridades tanto dentro como fuera del cine.

“Un regalo de los dioses”.-Hechicera.

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