El cuarto protocolo
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En 1963 el agente británico Kim Philby se ha pasado a Moscú. En 1968 América, Gran Bretaña y la URSS firman un acuerdo para frenar la proliferación de armas nucleares. Este tratado constaba de cuatro protocolos secretos. Hoy sólo perdura uno… ‘El cuarto protocolo’.

Crítica de El cuarto protocolo

En 1987 el director escocés John Mackenzie (1928-2011) filmó la que, sin duda, fue su película de mayor calado internacional: ‘El cuarto protocolo’, film que llegó en parte por el buen sabor de boca que dejó con ‘El largo viernes santo’ (1980). Precisamente, uno de los jóvenes intérpretes de esta última fue el elegido para ser el co-protagonista de ‘El cuarto protocolo’, un ya bastante conocido Pierce Brosnan. El otro gran baluarte en donde se apoyaba la película era Michael Caine (también productor), quizá el actor británico que más veces ha dado vida a un espía en la historia del cine.

El argumento de la película sería revisado y actualizado por el propio autor de la novela que da pie al film, Frederic Forsyth. Caine, en su labor de productor, pidió llevar los diálogos y el argumento más allá de la acción, y buscar la verosimilitud en pos de la pirotecnia. Eso se nota en las formas que, como espía, adopta el personaje de John Preston (Caine), quien se mueve en la oscuridad como una sombra, con sigilo y sin levantar revuelo. Mientras que el personaje de Petrofsky (Brosnan) es algo más ostentoso, moviéndose con un deportivo azul y una moto de alta cilindrada BMW… además de su look de cuero negro.

La trama principal de la cinta versa sobre dicho protocolo ficticio, un “acuerdo” firmado por Reino Unido, URSS y EEUU que prohibía que estas naciones atacaran con bombas atómicas a las otras fuera del contexto de una guerra. En la cinta es la URSS la que traza un complicado plan para violar ese protocolo, mientras que Reino Unido es la que debe detener el ataque.

Este film de Mackenzie se enmarca claramente dentro del sub-género del cine de espías (sub-género del que el propio Caine es un mito ineludible) y cuenta con un marcado tono político. La cinta busca el aspecto realista en pos de lo visual o los inventos de espías clásicos, no hay zapatófonos, ni bolígrafos explosivos… no estamos ante una película de James Bond o de Maxwell Smart. Vista hoy día, treinta años después de su estreno, la película claramente se mueve dentro de territorios muy transitados, sin salirse de los resortes del género, y que al espectador más curtido no sorprenderán en ningún momento.

‘El cuarto protocolo’ vino a actualizar en parte el cine de espías tan célebre de finales de los sesenta y la década de los setenta. A su lado, cabe citar ‘En el ojo de la aguja’ (Richard Marquand, 1981), ‘No hay salida’ (Roger Donaldson, 1987) o ‘Juego de lágrimas’ (Neil Jordan, 1992). La cinta que hoy nos ocupa se encuentra entre las imprescindibles de este tipo entre los años ochenta y principios de los noventa, en donde volvieron a proliferar tras la caída del muro.

Pasando al reparto, los grandes protagonistas son los anteriormente citados: Michael Caine (Preston) y Pierce Brosnan (Petrofsky). Michael Caine se vale de su tremendo aplomo para sacar adelante, sin ningún tipo de dificultad, un personaje que ya se sabía de memoria, dados sus antecedentes de agente con licencia. Pierce Brosnan, aún pre-Bond (se rumoreó que rechazó ser 007 debido al muy flojo libreto de ‘Alta tensión’), tiene una buena serie de primeros planos de su rostro que parecen estar introducidos a modo de presentación del actor para futura estrella. No por casualidad, John Mackenzie fue quien pidió fichar expresamente a Brosnan, a quien ya había dirigido en ‘El largo viernes santo’ (1980) y que en esos momentos se encontraba enrolado en la serie ‘Remington Steele’ (1982-1987). Brosnan saca adelante un papel bastante complicado de emociones interiorizadas, que debe de luchar contra lo que le dice su cabeza y lo que le exige su patria.

El resto de papeles de peso van para Joanna Cassidy (Irina) como una agente enviada a posteriori para “ayudar” a Petroksy en su misión. Ned Beatty (Borisov) como un antiguo agente semi-retirado que prefiere seguir pescando a meterse en líos burocráticos de alta envergadura. Ray McNally (1926-1989) es el general Karpov. Ian Richardson es el alto mando de Preston en Reino Unido, Sir Nigel Irvine. Y, por último, menciones especiales para Julian Glover como el jefe directo de Preston y Michael Gough (1916-2011) como un antiguo mandamás del gobierno ya enfermo. Ojo, se da la casualidad que, aunque no compartan escena, Gough y Caine sí que compartieron con el paso de los años personaje, el de Alfred Pennyworth (mayordomo de Batman), el primero en hasta cuatro películas y Caine en la archiconocida trilogía de Christopher Nolan. El personaje de Gough alaba en su única escena de la película al de Caine como “un buen elemento”.

Finalmente, la partitura musical del film fue obra del mitiquísimo compositor Lalo Schifrin, célebre por ser el autor de las notas principales de ‘Misión imposible’.

En resumidas cuentas.
Termino ya esta crítica de El cuarto protocolo, una ejemplarizante pieza de género que se apuntó a otras de la década de los ochenta para resucitar a los espías dormidos de la guerra fría. Sirve también como recuperación de Michael Caine en uno de sus personajes predilectos y de “introducing” para Pierce Brosnan.