Cujo
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Siempre se ha dicho que el perro es el mejor amigo del hombre. Pero, ¿qué sucede cuando nuestro más fiel compañero enloquece y se vuelve contra nosotros? Hace ya 35 años que la respuesta a esta pregunta la podemos encontrar viendo… ‘Cujo’.

“No existen los monstruos, Tad”.-Vic Trenton.

Crítica de Cujo

Aquí tenemos otra adaptación cinematográfica estrenada en USA un 12 de agosto de 1983 sobre la obra de Stephen King. En este caso me refiero a su novela conocida como ‘Cujo’. Como en toda (o casi toda) adaptación hay algunos cambios, algunos de ellos muy significativos y establecidos, seguramente, para disminuir el toque dramático de la historia original. Aun así, este film contiene unos treinta minutos finales que son tremebundos y que ponen al público en un completo estado de shock ante lo que sucede en pantalla.

De la dirección se ocupó Lewis Teague, un realizador que destacó en los ochenta (y principios de los noventa) con algunos títulos interesantes para luego desaparecer del mapa. Aquí su labor destaca, fundamentalmente, en la ya comentada media hora final. Una media hora en la que el rabioso y descontrolado San Bernardo acorrala de manera inmisericorde a Donna y a su pequeño en el viejo coche que se niega a arrancar.

En el párrafo anterior me he referido al San Bernardo y, en este sentido, hay que destacar todas las escenas en las que sale atacando a sus víctimas. Estamos ante unas secuencias tremendamente realistas, tan es así que uno (como espectador) llega a sentir en sus carnes todo el dolor de las salvajísimas dentelladas con las que Cujo ataca a sus víctimas. Atención especial al ya citado acorralamiento de Donna y el pequeño Tad en una tremendísima e interminable agonía con un Cujo inmisericorde, vigilante y capaz de todo para no dejar escapar a su presa.

Todo este increíble realismo de los ataques de Cujo es lo mejor de la película y se pudo conseguir gracias a varios e inteligentes elementos. Por ejemplo, se emplearon varios perros durante la filmación, y para conseguir el rabioso y deteriorado aspecto del can se usaron claras y yemas de huevo. Además, varios de los más violentos ataques fueron filmados gracias al empleo de un genial disfraz de Cujo en cuyo interior se encontraba un especialista. Esto último es algo de lo que uno puede darse cuenta, a poco que tenga buen ojo, ya que en algunas secuencias se puede apreciar como el tamaño de Cujo se llega a equiparar casi al de un oso (por ejemplo, en una de las secuencias del ataque al coche o en el asalto a su primera víctima). Ahora bien, esto no desmerece en nada el genial trabajo realizado con el propio disfraz o con los ataques del rabioso San Bernardo.

La novela de Stephen King fue adaptada por Don Carlos Dunaway y Lauren Currier. Ambos guionistas ofrecen un somero (pero suficiente) retrato de los personajes antes de que se desencadene el horror. En este sentido, lo mejor es ver cómo nos van ofreciendo, poco a poco, la transformación de Cujo, el gigantesco y buenazo perro que pasa a convertirse en una imparable bestia furiosa. Por el contrario, lo peor del libreto es la forma en la que se resuelve el tema del amante de Donna, un asunto que podía haber dado más de sí y que se despacha sin hacer una última aparición. También el final resulta un poco cortante y seco.

Por otro lado, atención a la banda sonora de Charles Bernstein. El incansable compositor logra en esta película un efecto de sobrecogimiento en el público similar al que él mismo consiguió con sus composiciones para El ente (Sidney J. Furie, 1982). De esta manera, cada aparición de Cujo (una vez contagiado) se acompaña con unas temibles composiciones. Composiciones que ya te ponen sobreaviso de que el estado físico y mental del colosal perro va a ir, irremediablemente, a mucho peor…

“¡Jodido perro!”. Superdog.

En el apartado interpretativo destacar como Dee Wallace lleva su actuación de Donna hasta más allá del límite y nos hace totalmente cómplices de su indefensión, a la vez que nos deja impotentes por no poder ayudarla y temerosos de su destino. También hay que destacar sus momentos de arrojo y valentía dándolo todo por su pequeñín. Pequeñín interpretado por Danny Pintauro que debutó en esta película. Pintauro consigue recrear a un adorable chavalín que cree en el monstruo del armario y al que es imposible no cogerle cariño por la ternura que desprende. Verlo sufrir las embestidas de Cujo y saber que, de un bocado, se lo podría comer… nos hace sentir un temor ciertamente especial. Las actuaciones de Dee y Danny además se ven elevadas por toda la situación de agobio que supone verlos atrapados en el viejo coche por el descomunal perro y el sofocante calor.

Entre los secundarios decir que cada uno cumple muy bien con la labor encomendada. Ed Lauter interpretó a Joe Camber, el rudo y sucio mecánico dueño de Cujo. Este es un sujeto desagradable que tiene a su esposa e hijo totalmente sometidos y maltratados. Un tipo de personaje al que el ya fallecido actor tenía muy calado. Otro que también falleció es Christopher Stone, en este film dio vida a Steve, el amante de Donna. Quizás sea el que menos brille de todo el elenco porque sus intervenciones en el metraje tampoco son muy abundantes, además se despide sin decir adiós. Como curiosidad decir que, en la realidad, fue el segundo marido de Dee Wallace. Por otro lado, cumplidora es la labor de Daniel Hugh Kelly como Vic Trenton, el esposo de Donna y padre de Tad. Este film, al igual que en el caso de Danny Pintauro, fue su primera película para cines. Finalmente, breve aparición para el veterano Jerry Hardin como inspector de policía.

En conclusión.
Finalizo esta crítica de Cujo, una pequeña joya de culto. Una película de terror con animal rabioso que consigue llevar al público a la angustia y al ataque de nervios. Todo provocado por sus excelentes secuencias de ataque y las destacadísimas interpretaciones de Dee Wallace y el pequeño Danny Pintauro. Nunca un San Bernardo provocó tanto terror. Por mi parte, se la recomiendo. Estoy seguro que les causará impresión.

Tráiler de Cujo