Cocktail
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“Yo soy el último poeta de los bares. Yo sé que América entera beberá mis cócteles de ensueño, y de una América sedienta… yo me convertiré en dueño. América estás borracha. Si te falla la amistad o si estás de mala racha: ¡tomate la última y en paz!…”. Es la hora feliz: Barra libre y Red Eyed’s para todos. Esto es… ‘Cocktail’.

“¿Has trabajado de Barman? ¿Has echado a un psicópata de 200 kilos de un bar? ¿Y a una bailaría de 50 kilos llena de anfetaminas? Pues esas son algunas de las cosas que tendrías que hacer Flanagan. Este es el barrio alto de la ciudad, lo máximo. ¿Estás preparado para eso, joven Flanagan?” (Coughlin)

Crítica de Cocktail

En 1988 Tom Cruise se ponía detrás de la barra para dar clases y hacer mezclas imposibles de alcohol con sonrisas en ‘Cocktail’, la séptima película tras las cámaras del australiano Roger Donaldson, realizador que el año anterior había firmado ‘No hay salida’ (1987) con Kevin Costner y Gene Hackman, y para la cual ya había tanteado al propio Cruise. Por su parte, la súper-estrella venía de co-protagonizar ‘El color del dinero’ (Martin Scorsese, 1986), la secuela de ‘El buscavidas’ (Robert Rossen, 1961) de nuevo con Paul Newman repitiendo papel.

El mismo esquema argumental de la ya citada ‘El color del dinero’ vendría a repetirse en ‘Cockatil’, es decir, Cruise en un papel de joven ambicioso con talento pero, al mismo tiempo, con inseguridades y gran falta de madurez. Un joven que se asocia con un veterano carismático y pasado de vueltas intentando guiarle para que pueda triunfar donde él fracasó… Así las cosas, el esqueleto narrativo de la cinta no descubre la pólvora, es uno de esos films en los que, por decirlo rápido y fácil, sabes lo que va a ocurrir pero quieres ver cómo ocurre. Estamos ante la clásica historia de ambición, de buscar tu lugar en el mundo, de encontrar tu destino. De ascenso, caída y redención. Argumentalmente la cinta es correcta, tiene unas cuantas líneas de diálogo bastante bien escritas y casi todas van a parar a la boca de Bryan Brown con su estupendo papel de mentor, un camarero que incluso ha inventado sus propias leyes de lógica negativista llamadas “Las leyes de Coughlin”.

Como acabo de exponer, para darle la contrapartida a Tom Cruise, en su rol del joven aspirante a millonario (Brian Flanagan), se contrató a Bryan Brown (Doug Coughlin), siendo esta su película más famosa junto a ‘F/X, Efectos mortales’ (Robert Mandel, 1986). Completaron el reparto las jóvenes Elisabeth Shue (Jordan), Gina Gershon (Coral) y la modelo Kelly Lynch (Kerry). Otros que se dejaron ver en pantalla fueron Ron Dean (Tio Pat), Lisa Baines (Bonnie) y Laurence Luckinbill como el padre de Jordan, el poderoso Señor Mooney.

La dirección por parte de Roger Donaldson está francamente bien en lo que tiene que ver con captar el ambiente de los bares, así las cosas, las escenas de la taberna de Coughlin son altamente atmosféricas y uno siente realmente que está detrás de la barra, agobiado al mismo nivel que el joven Flanagan en sus comienzos, y luego empapándose de su buen rollo y diversión cuanto más avanza el film. Ayuda mucho el trabajo de ambientación y fotografía, esta última a cargo de Dean Semler.

El film obtuvo una nominación a los globos de oro a mejor canción original por el tema “Kokomo”, y “ganó” dos Razzies (los anti-Oscars) a peor película y guión, estando nominada a peor actor (Cruise) y peor director (Donaldson). Claro que todo esto no fue obstáculo para ser uno de los grandes hits de 1988, logrando ser la novena más taquillera de su año (la primera fue ‘Rain Man’, también protagonizada por Tom Cruise y rodada paralelamente), y la cuarta en calificación para mayores de edad, tan solo superada por tres clásicos ineludibles de los años ochenta estrenados ese mismo año: Jungla de cristal (John McTiernan), El príncipe de Zamunda (John Landis) y la ya citada ‘Rain Man’ (Barry Levinson). Sin duda, palabras mayores ese año de 1988, cinematográficamente hablando.

‘Cocktail’ también presenta sus propios problemas: llegado su segundo acto la cinta se vuelca por completo en el terreno del drama adolescente con amor de verano, centrándose en la relación que surge entre Flanagan y Jordan, y dejando a un lado el tono de comedia burlesca en forma de buddy movie noctámbula. Acaban solventando la papeleta por el cambio de escenario en Jamaica, y por ser solo una pequeña parte de la historia. Lo que no se puede pasar por alto es el problema de continuación con el pelo de Tom Cruise… esto tiene una explicación: llegado un punto del rodaje, Cruise se tuvo que marchar a filmar ‘Rain Man’ para la MGM y dejarse crecer el cabello, por eso su pelo crece y disminuye al mismo tiempo que la cinta cambia de tono y género durante el metraje.

Quitando el detalle del pelo, más que evidente en varias escenas, Tom Cruise nos regala un papel muy entregado en el que debe pasar por multitud de estados emocionales, y de los cuales sale airoso interpretativamente con un personaje que se empeña en huir de los problemas y encuentra la forma de hacerse millonario con sus ideas. Elisabeth Shue no sale beneficiada con su versión en español, el tono que le dan en castellano resulta algo repelente, lo que no ayuda para que empaticemos con ella. Pero, obviamente, eso no es culpa suya, en la versión original mejora y se puede decir que cumple con lo que le dan. Kelly Lynch, por su parte, cumple ya sólo con su físico y luciendo la menor ropa posible… sabedora de por qué está en la película y el papel que le toca representar. Para Gina Gershon va una fugaz aparición como una fotógrafa de la noche que ve potencial en Flanagan. Y el rol de avaro tabernero irlandés, tío del protagonista, es para Ron Dean, un hombre que siempre tiene antes un consejo para su sobrino que dinero.

En resumidas cuentas.
Cierro el bar terminando esta crítica de Cocktail, una pequeña cinta de culto que se subió al top ten de ganadoras en la taquilla de su año. Un film que sirvió a Tom Cruise para avanzar un peldaño más en su carrera, que terminó de afianzar en los años siguientes. Además, es la película más taquillera de su director y contiene la interpretación más recordada de Bryan Brown. En definitiva, ‘Cocktail’ es luces de neón, alcohol, ambiente nocturno, música discotequera, decadencia, ambición… pero también es romance, diversión, lecciones de vida y leyes de supervivencia, dejando una frase tan simple como irrebatible: “Entierra a los muertos, al final siempre acaban oliendo”.