Caza humana
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Un ex coronel Americano aislado del mundo en los montes más densos de los Apalaches. Una guerra que dejó graves secuelas. Un superviviente Europeo que busca venganza por la sangre derramada. Un combate a muerte en plena madre naturaleza. Porque la temporada de Caza humana ha comenzado.

Caza Humana

Crítica de Caza humana

Tras contemplar el modo en el que se ha estrenado en nuestro país (directamente por televisión y con escasas posibilidades de distribución en formato doméstico) y en gran parte del mundo (en DVD) un film tan correcto y, por momentos más que interesante, como lo es ‘Killing Season’, uno termina por deducir que realmente corren malos tiempos para el negocio del cine y que cada vez será más complicado que una película pueda exhibirse en la gran pantalla, aunque con un poco de suerte podría ser editada en DVD/Blu-Ray. Repito, con un poco de suerte.

Pero resulta aún más asombroso cómo multitud de intérpretes de gran consideración están sucumbiendo, casi por obligación, al cambio de modos y formas del cine actual, terminando por hacer mella en sus carreras y obligándoles a escoger proyectos menores de los que nos tenían acostumbrados. Y no sólo me refiero a esos actores procedentes del género de acción, los cuales se encuentran en extremo peligro de extinción, sino a otros muchos intérpretes que lentamente están siendo olvidados tanto por la industria como por el público. Intérpretes de indudable versatilidad como Mel Gibson, Mickey Rourke, Nicolas Cage, John Cusack, Cuba Gooding Jr., Forest Whitaker, Andy García, o Bruce Willis ya han visto cómo algunos de sus trabajos, muchos de ellos alimenticios, se han visto relegados al ‘Video on Demand’, a las estanterías de los grandes almacenes, o en el mejor de los casos a un estreno limitado en unas pocas salas. Es cierto que muchos de esos productos no cumplían con un mínimo de calidad e interés como para ser estrenados en cines, pero otros sí merecían un trato mucho mejor del que recibieron.

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Este es el caso de la nueva película de Robert De Niro y John Travolta, dos actores que me temo tampoco se van a librar de esta profunda crisis que azota el mercado cinematográfico. Pero especialmente chocante resulta el caso de De Niro, sin duda uno de los mejores actores que posiblemente hayamos podido ver en pantalla, ahora en grave riesgo de verse esporádicamente relegado al mercado videográfico o televisivo. Justo lo que ha sucedido con su cinta ‘Caza humana’, horroroso título que ha recibido en España ‘Killing Season’, film dirigido por un Mark Steven Johnson (‘Daredevil’, ‘Ghost Rider’) mucho más comedido y centrado de lo habitual y al que nunca se le reconocerá una correcta dirección por el hecho de haberse encargado de dos de las adaptaciones más flojas del mundo Marvel.

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Sin duda hablamos de una producción que en otras circunstancias se podría haber estrenado perfectamente en salas, pero hoy en día las exigencias son mayores, las compañías distribuidoras arriesgan lo mínimo y las cadenas de cines no compran un producto que creen que no pueden rentabilizar. Muy a nuestro pesar, en los tiempos que corren gran parte de estos productos de rango bajo/medio no tienen cabida en el circuito de proyección, pero mucho más frustrante resulta el hecho de observar cómo este tipo de cine es devastado sin concesiones tanto por la crítica especializada como por un público completamente absorbido por esas producciones de gran envergadura o cintas independientes dirigidas por complejos cineastas al borde de la paranoia, algo muy bien considerado por la academia, dicho sea de paso. Y es que no olvidemos que hay vida más allá de los Christopher Nolan, Michael Haneke, Woody Allen, Lars von Trier o Marvel.

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Con esto no pretendo afirmar que ‘Caza humana’ haya merecido estrenarse a gran escala ya que, en todo caso, nos encontramos ante un producto modesto. De bella e impecable factura, bien interpretado y muy correctamente dirigido, pero al fin y al cabo mucho más simple y modesto de lo que permiten los cánones de hoy día. Pero un servidor sí pretende reivindicar esas películas que también merecen su lugar en la industria por tratarse de decentes productos de interés que poco tienen que ver con los ‘Direct to video’ convencionales; y a esos actores que, obligados por las circunstancias, participan en producciones que se encuentran por debajo de sus posibilidades artísticas e interpretativas.

Producida por ‘Millenium Films/Nu Image’, compañía que aún conserva buen gusto por el viejo cine de acción y que trabaja a medio camino entre producciones importantes y cine de bajo presupuesto, la película da comienzo con una introducción ambientada en la guerra de Bosnia que tuvo lugar en 1992, donde la participación de las fuerzas armadas de EEUU y la OTAN tres años después resultó crucial en la resolución del conflicto, y donde se nos presenta por primera vez el personaje interpretado por Travolta. Ya en la actualidad, nos trasladaremos en el día a día de Benjamin Ford, coronel retirado de las fuerzas especiales e interpretado por un contundente Robert De Niro que vuelve a demostrar que sigue en plena forma.

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Ford, un hombre solitario lleno de conflictos internos, decide vivir alejado de la civilización y de la poca familia que le queda como consecuencia de las secuelas físicas y post-traumáticas que aún le persiguen. Aislado del mundo en una cabaña situada en los montes Apalaches, intenta vivir de la madre naturaleza y encontrar la paz consigo mismo tras los acontecimientos acontecidos en la guerra. Pero su vida aparentemente tranquila cambiará radicalmente cuando, al sufrir una avería su coche, aparece un extraño personaje que se hace llamar Emil Kovac, el cual se ofrece a arreglarle el vehículo. Pronto iniciarán una extraña amistad y camaradería.

El inquietante Kovac, interpretado por un sensacional y atípico John Travolta que consigue darle a su personaje interesantes matices convirtiéndolo en uno de los elementos más atractivos del relato, se trata en realidad de un ex soldado Serbio que fue herido de muerte por el propio Benjamin durante la guerra. El objetivo de Kovac es simple: ganarse la confianza de Ford para, en el momento menos esperado, traicionarle e iniciar una particular venganza contra él, la cual se tornará en forma de cacería humana a través de los densos bosques y montañas los de Apalaches Norteamericanos.

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Durante la primera media hora de metraje Steven Jonhson nos introducirá de lleno en sus personajes, en sus inquietudes y sus creencias, gracias especialmente a unos De Niro y Travolta estupendos que logran crear unos cimientos quizás no excesivamente sólidos, pero sí lo suficientemente interesantes como para que el espectador logre sentir simpatía y, sobre todo, mucha curiosidad por el devenir de ambos. Treinta minutos iniciales en los que se construye esa falsa asociación, y donde los diálogos, los sentimientos y la cortesía mostrada por ambos serán los pilares iniciales sobre los que se sustentarán ambos soldados, logrando que el espectador sea por momentos incapaz de inclinarse hacia un lado de la balanza u otro.

Una vez entrado el segundo acto de la película, y como era de prever, Kovac decide convertir a Ford en su particular presa, iniciando un sangriento juego de cacería humana que resulta especialmente atractivo, no sólo por el buen hacer de sus actores y por la curiosidad que implica ver al siempre genial Robert De Niro en un papel bastante inaudito para él, sino también por el buen trabajo de dirección de un Steven Johnson que, a pesar del material con el que dispone y de la evidente falta de medios, juega sus cartas de un modo más que correcto ofreciéndonos momentos y diálogos verdaderamente interesantes. Secuencias filmadas con gran pulso, bellos y a ratos asombrosos planos aéreos, y sus no exentas porciones de violencia y explícita crueldad serán el denominador común de esta historia de vendetta y dolor. Una crueldad que en el fondo ambos ex combatientes necesitaban expulsar al exterior con el fin alcanzar la paz interna que tanto ansían encontrar, aunque sea a costa de sus vidas.

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Especialmente interesante resulta el hecho de que, una vez el espectador escuche las reflexiones y penas de ambos personajes, y principalmente las de Kovac, será complicado decidir entre uno y otro e identificar al ‘villano de la función’, porque en esta historia de confesiones y dolor el único villano es la propia guerra, no sus combatientes, los cuales no son más que dos personas dañadas que necesita expurgar sus pecados a costa de una sangrienta batalla que, en el fondo, ninguno de ellos quiere llevar a cabo.

Pero si hemos de realizar una mención especial sin duda se la merece el personaje de Emil Kovac, interpretado por un interesantísimo John Travolta de peculiar look y logrado acento Serbio que se mete en la piel de un hombre de fe que sólo pretende obligar con sangre y tortura a su enemigo de armas pedir perdón, un Robert De Niro que aún conserva sus excelentes mimbres tanto interpretativas como físicas, y que resulta tremendamente creíble como un ‘hombre de la montaña’ capaz de usar los recursos que esta le ofrece en casos de extrema necesidad. Y es que sin duda lo mejor de la película es el dúo protagonista, dos hombres que representan dos bandos enemigos, y que son capaces de transmitir sin muchos problemas el dolor y la rabia contenidas de una guerra.

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Como podemos apreciar la historia es simple, aunque su narración y desarrollo resultan tan directos y rítmicos que la cinta se pasa prácticamente en un abrir y cerrar de ojos. Y es que una de las ventajas de este producto es su duración: 90 minutos para contar una historia de venganzas ambientada en plena madre naturaleza es tiempo más que suficiente, por lo que no habrá lugar para el aburrimiento o el bostezo. Pero al mismo tiempo esta superficialidad es uno de los puntos más oscuros del asunto. El problema, independientemente de un guion facilón y simple, es que los acontecimientos del film se desarrollan de un modo demasiado precipitado, algo que sumado a su evidente previsibilidad da como resultado una película muy decente y de interés, pero quizás excesivamente ligera. Y es que en otras circunstancias (más presupuesto, más medios o un director de mayor envergadura. De hecho, este proyecto se lleva gestando desde hace años con John McTiernan en la silla del director) esta historia podría haber dado más de sí.

En cualquier caso la cinta resulta atractiva a todas luces, se encuentra dirigida con un ritmo soberbio y está aliñada con muy buenas y crudas escenas que seguro sorprenderán a más de uno. Si somos capaces de comprender las limitaciones de este producto, de valorar el cine más modesto pero de buena factura, y de disfrutar de dos excelentes actores rodeados de un ambiente hostil dándose caza al uno al otro, no tengan la menor duda de que la película merecerá le pena, especialmente por el intenso y sensacional duelo psicológico que nos ofrecen nuestros protagonistas en esta metáfora sobre la guerra. Porque gane quien gane en una guerra, con el paso del tiempo todos pierden. Porque no hay ni héroes ni villanos, sólo sangre, destrucción, dolor y, sobre todo, rencor. El rencor que tanto Ford y Kovac necesitan liberar para volver a sentirse aquello que fueron una vez: buenas personas.

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En resumidas cuentas

Concluyendo esta crítica de Caza humana, podemos afirmar que Mark Steven Johnson nos ofrece un buen thirller psicológico cuyo mayor interés radica en el enfrentamiento tanto físico como moral de dos ex militares perdidos en una montaña, unos John Travolta y Robert De Niro verdaderamente sensacionales haciendo gala de muy buenas cualidades artísticas y físicas. El primero de ellos lucha por descubrir los demonios internos del personaje interpretado por De Niro y llevar a cabo su particular venganza contra él. Y el segundo, un solitario que busca redimirse de su pasado pero que no encuentra el modo de hacerlo. Dos personajes destinados a reencontrarse para aliviar sus pecados aunque sea a costa de su muerte en una película que, pese a su simpleza, desprende gran interés y goza de un buen acabado. No sólo gracias a un Steven Johnson más serio de lo habitual y más visceral de los que nos tiene acostumbrados, sino también a una gran labor del director de fotografía y a una buena partitura musical de Christopher Young. Es cierto que la película resulta previsible y es más sencilla de lo que se permite hoy en día, pero en otros tiempos un film de estas características hubiera sido un valor seguro de cara a la cartelera. Pero los tiempos cambian, el cine también y las preferencias de un público exigente y delicado ya no son las mismas que hace dos décadas. Lástima.