América violenta
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En 1931 un sistemático ataque dentro de varias familias de la cosa nostra rompería los dominios de los viejos padrinos y crearía un nuevo legado de mafia. El acuerdo silenciado entre calabreses y sicilianos estaba condenando a romperse. En 1973 un agente de policía se verá en mitad de una venganza altamente planificada y encubierta bajo el amparo de una nueva… ‘América violenta’.

“No te hagas el héroe por lo que te pagan, porque yo odio a los héroes” (Lipper)

Crítica de América violenta

‘América violenta’, cuyo título original es ‘The Stone Killer’ (que bien podría traducirse como ‘El asesino de piedra’, y se usa para hacer mención los liquidadores sin conciencia ni escrúpulos) fue la tercera colaboración, segunda dentro del género criminal, entre Michael Winner y Charles Bronson, quienes venían de filmar el año anterior Fríamente… sin motivos personales’.

El film es, sobre todo, un relato criminal de una época convulsa, no solo en Estados Unidos, sino en el tipo de protagónicos de los años 70. Un cine marcado por unos tipos duros en el mundo del thriller que tanto Clint Eastwood como Charles Bronson perpetuarían con sus personajes y películas.

No estamos ante un film de acción como los que Bronson, ya totalmente embutido dentro de los ropajes del macho-man total, protagonizaría a finales de los 70 y en los años 80, sino que ‘América violenta’ apuesta por un tono más realista, una especie de mirada sin ningún tipo de endiosamiento a la cosa nostra (ojo al momento en donde Vescari acude al cementerio a enumerar a sus calabreses caídos).

El punto de partida es la vendetta por parte de Al Vescari (Martin Balsam) de las llamadas vísperas calabresas, en donde, gran parte de los jefazos de la antigua mafia fueron aniquilados por los jóvenes para imponer su nueva ley. En medio del asunto encontraremos al policía interpretado por Charles Bronson (Lou Terrey) y a un sospechoso habitual al que debe de escoltar desde Los Angeles hasta Nueva York, un tipo llamado Armitage (Eddie Fires), quien, desesperado por intentar librarse de una condena segura, le confiesa al policía un plan con antiguos veteranos del NAM contratados para dar un gran golpe.

Uno de los grandes aciertos de la película es la desesperación de gran parte de los personajes, especialmente aquellos que, llegados del NAM, no encontraban su sitio y ya “sólo” sabían matar sin importarles para quién y por qué. Ojo al personaje de Lipper y al de Jumper interpretado por Jack Colvin, pues son los dos que mejor saben trasmitir ese doloroso retrato post-Vietnam.

También se puede vislumbrar el enorme racismo latente en USA en aquellos años, algo así como “si no te gustan los negros por lo menos disimúlalo” le acaba diciendo Terrey a un policía de mano muy suelta. Además, se plasma muy acertadamente la inseguridad terrible de las calles de Nueva York en aquellos tiempos, y el tremebundo señalamiento a los hombres que venían del NAM, que ni mucho menos eran recibidos como héroes. Personalmente siempre me flipó ver a personajes como Lipper, Armitage, Langley o Jumper, todos ellos auténticos desechos, que dejan una buena serie de sentencias y frases para el recuerdo, muy al estilo setentero.

En cuanto al personaje de Charles Bronson, decir que aquí no estamos ante una máquina de matar. Su Lou Terrey es un policía decidido a llegar hasta el final del asunto. Lo que más veremos de Bronson, a lo largo de este metraje, es interrogar a maleantes, sonsacarles información y, de vez en cuando, pararle los pies a alguno de los polis de Nueva York que no trabaja según las reglas establecidas. Aunque también tendrá tiempo para impartir justicia a su estilo con dos momentos para el recuerdo: la impresionante persecución entre Terrey en coche y moto (una de las más setenteras y contundentes), y el clímax final revólver en mano.

Por su parte, Martin Balsam, actor de reparto de los que siempre cumplen, aquí lleva a cabo un conseguido trabajo, el de un personaje lleno de odio que lleva años masticando su venganza.

Si se es fan de Bronson, y del estilo seco y sin remilgos del cine criminal/policíaco de los años setenta, entonces, esta película les hará pasar un buen rato rememorando cómo se hacían las cosas en aquellos años, y lo que ha cambiado el género. Además, asistirán a una de las primeras muescas del (anti) héroe individualista que inmortalizaron por encima de todos Eastwood y Bronson.

“Vietnam no es una ninguna máquina de hacer héroes, es una fábrica de Lippers” (Doctor)

En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de América violenta, no estamos ante una de las top-five de Bronson, pero sí ante un film que quizás merezca más reconocimiento por ser un retrato cercano a lo que uno recordaba que eran los comienzos de los años 70, tanto en Estados Unidos como en el cine que exportaban.