Alien nación
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La llegada de extraterrestres a la Tierra ha sido siempre un recurso muy explotado a lo largo de la historia del cine, pero el título que recuperamos hoy nos ofrece una visión mucho más mundana de lo habitual. Drogas, alienígenas y racismo son los tres ejes sobre los que gira esta película. Bienvenidos al futuro. Bienvenidos a… ‘Alien nación’.

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Crítica de Alien nación.
La idea de presentar una sociedad donde humanos y extraterrestres conviven juntos no es nueva, aunque generalmente se ha abordado desde una perspectiva distinta, con series como ‘Babylon 5’ o ‘Star Trek: Deep Space Nine’ donde la acción transcurre en una estación espacial. Pero si hablamos de convivencia en la Tierra a gran escala, uno de los ejemplos más reciente es esa joya dirigida por Neill Blomkamp que es Distrito 9(2009). En el caso de ‘Alien nación’ es obvio que se intentó fusionar la ciencia ficción con el género policíaco clásico, restando importancia al aspecto fantasioso y apostando por una trama más realista donde la droga y la xenofobia son las protagonistas. Prueba de ello es que la acción se sitúa en 1991, sin avances tecnológicos de ningún tipo, trasladando la acción a un entorno actual donde los alienígenas pasan a ser ciudadanos que desempeñan oficios de lo más variado. El resultado final es una buddy movie con una trama típica y tópica que no aporta nada especial, a pesar de contar con un elemento tan exótico como son los aliens.

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El reparto es bastante acertado porque con una trama tan poco original es básico escoger rostros conocidos. El veterano James Caan se pone en la piel del detective Sykes, un tipo rudo y desagradable que siente auténtico desprecio por los alienígenas, a los que se refiere con el cariñoso apelativo de “escoria”. Su compañero es un padre de familia alienígena interpretado por Mandy Patinkin, el inolvidable Íñigo Montoya de ‘La princesa prometida’ (Rob Reiner, 1987) y que recientemente hemos visto en la serie ‘Homeland’. La idea es juntar a estos dos tipos, que claramente no encajan el uno con el otro, y tratar de sacar chicha a costa del enfrentamiento y unos diálogos supuestamente graciosos. Y ahí está el fallo. Para empezar, no existe la química entre personajes que podemos encontrar por ejemplo en Arma letal (Richard Donner, 1987). Tampoco hay situaciones graciosas, ni siquiera el hecho de que los alienígenas se emborrachen bebiendo leche agria. Digamos que es una pareja que cumple la papeleta pero sin alardes de ningún tipo.

El villano corre a cargo de Terence Stamp, un alienígena corrupto y ambicioso que carece de escrúpulos a la hora de hacer negocios, en este caso tratando de vender una poderosa droga a sus congéneres. Y es entonces cuando uno se da cuenta de que no hay nada novedoso en la trama. Es una simple película de policías y traficantes, con tal empeño en ofrecer un producto realista que ni siquiera existe una subtrama mínimamente intrigante que explote el factor alienígena. Tan sólo atisbamos un punto de luz en esa droga de nombre impronunciable que tiene efectos sobrenaturales en los que la consumen. Pero francamente, si de drogas y camellos alienígenas hablamos, es mucho mejor recurrir a películas comoDark Angel(Craig R. Baxley, 1990) que abordan el tema con mayor frescura y gracia.

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A pesar de todo lo expuesto hasta el momento en esta crítica de Alien nación, la película se deja ver, el hecho de que la historia sea algo que hemos visto mil veces no quita que sea una trama entretenida. Incluso el maquillaje de los alienígenas está bien resuelto, aunque básicamente se limite a un cráneo con la piel moteada. Pero es una lástima que se perdiera la ocasión de hacer algo realmente interesante porque la premisa daba para esto y mucho más. Profundizar en el racismo que surge tras la llegada de los alienígenas y analizar los efectos de la irrupción de una raza física e intelectualmente superior… eso sí hubiera sido interesante, pero todo queda reducido a unos cuantos chascarrillos racistas y poco más. También podrían haber explotado más el pasado y los misterios de los extraterrestres, sacarse de la manga alguna subtrama inquietante. Pero ya digo, la imaginación brilla por su ausencia.

Pero si un producto perdura es que algo bueno tiene… Y lo cierto es que tras pinchar en la gran pantalla, ‘Alien nación’ tuvo su propia serie de televisión sólo un año más tarde, protagonizada por Gary Graham y Eric Pierponit pero cancelada de forma prematura debido a la baja audiencia cuando sólo llevaban emitidos 20 episodios. Tampoco acabó ahí la cosa, debido al interés suscitado entre el público decidieron hacer cinco películas dirigidas al mercado televisivo que trataban de explotar la trama original, manteniendo a los mismos personajes y actores de la serie. Sin James Caan, sin Mandy Patinkin y sin Terence Stamp. Pero con mayor interés, con una mayor frescura y tratando de corregir los errores cometidos. Tanto es así que la calidad final de alguna de estas películas supera a la original. Más vale tarde que nunca.

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Conclusión.
‘Alien nación’ es una película con una premisa prometedora pero un desarrollo mediocre. Los actores están bastante correctos, la trama es entretenida y la puesta en escena formal… Pero no existe la chispa necesaria para poder sacar adelante algo más que una película policiaca del montón. Es especialmente molesto que teniendo extraterrestres por medio no hayan sabido aprovechar mejor semejante recurso, a poco que uno piense diez minutos puede sacarse de la chistera tres o cuatro ideas la mar de funcionales. Pero al final no hay nada en esta película que la convierta en memorable, simplemente es un mero divertimento con aliens por medio. Si las expectativas se limitan a pasar el rato, es una opción tan buena como otra cualquiera. Pero quien quiera ver una película de ciencia ficción con unos mimbres sólidos hará bien en seguir buscando.