12 años de esclavitud
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De la mano del director británico Steve McQueen nos llegó en 2013 una dura historia sobre el racismo y la crueldad. Un film que nos deja la inequívoca seguridad de que sólo hay algo peor que carecer de libertad: perderla. Esta es la crítica de 12 años de esclavitud.

“No quiero sobrevivir, quiero vivir”.-Solomon Northup.

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Crítica de 12 años de esclavitud

Steve McQueen es un artista polifacético, pero si algo nos demostró con este tercer trabajo es que su éxito no es para nada casual, y que las temáticas más controvertidas son fundamentales para entender su filmografía. Primero fue con ‘Hunger’ (2008), abordando las huelgas de hambre protagonizadas por presos del IRA a principios de los ochenta. Le siguió ‘Shame’ (2011), un viaje por el lado más oscuro del ser humano a través de los ojos de un adicto al sexo. Y en 2013 nos entregó este proyecto, con el que McQueen decidió abordar el tema de la esclavitud afroamericana desde una vertiente distinta, la de un ciudadano negro, culto y libre que es privado de su vida para ser sometido a las más terribles vejaciones. Un retrato no sólo de la esclavitud… sino también de un mercado clandestino donde se secuestraba a la gente para sacar un beneficio económico.

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Si enfrentamos el fenómeno de la esclavitud afroamericana con otros sucesos históricos comprobaremos que en Hollywood se han realizado muy pocas películas sobre este tema, y el motivo no es otro que la vergüenza de un pueblo que teme mirar a los ojos a su pasado más reciente. Quizás por ello tuvo que ser un director británico el que hiciera justicia. Esta película se puede calificar fácilmente como ‘La Lista de Shindler’ del esclavismo norteamericano, una cinta que te golpea con fuerza en el alma y te pone cara a cara con aquellas miserias del ser humano que no nos atrevemos a mirar. Aquí no hay negros o blancos, sino seres humanos, y por encima de todo una gama de grises a nivel ético y moral que se crea cuando un ser humano explota a otro. No creo que se pretenda ensalzar al hombre negro ni criminalizar al blanco, sino poner sobre la mesa la crueldad a la que pueden conducir los prejuicios y la ignorancia.

En este sentido debo decir que en la película de McQueen prima el mensaje por encima de la violencia explícita, y para contar una historia como esta era imprescindible un trabajo interpretativo sólido y excepcional. En ese aspecto hay dos nombres que brillaron por encima del resto. El primero es el actor londinense Chiwetel Ejiofor, curiosamente ya había hecho de esclavo en su primera película ‘Amistad’ (Steven Spielberg, 1997), y aquí alcanzó cotas excelentes dando vida a un negro culto y libre que de la noche a la mañana pierde su libertad. Y el segundo es Michael Fassbender, actor fetiche de McQueen que interpretó al dueño de una plantación de algodón, un tipo salvaje y violento que se enamora de una negra pero que no es capaz de procesarlo y que por ello se ve abocado a una existencia enfermiza.

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Aunque el trabajo de estos dos actores resultó tremendo no podemos olvidarnos de Benedict Cumberbatch en la piel del “buen esclavista”, el arquetipo de amo que trata a sus negros con respeto pero que, eso sí, les sigue considerando seres inferiores. Como también fue impecable el trabajo de Paul Giamatti o Sarah Paulson, esta última dando voz a la típica sureña que se desfoga con los negros para mitigar sus odios y frustraciones. Uno de esos odios es Lupita Nyong’o, la joven esclava de la que se enamora Fassbender, y que consigue retratar con extrema crudeza la terrible experiencia que supone ser la “favorita” del amo.

Todo en esta película está orientado a hacernos tomar conciencia, incluso la fotografía que baña los paisajes de Louisiana de una hermosura que contrasta con el horror que se nos narra. La verdad es que McQueen consigue romper con los estereotipos más comunes que podemos encontrar en la mayoría de producciones que abordaron la esclavitud, al mismo tiempo que nos muestra el pasado reciente de un país cuya herencia sigue más activa en la actualidad de lo que pensamos, ya sea en el ámbito social o incluso dentro del mundo del cine.

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Conclusión.
Quizás lo primero que me veo obligado a destacar en esta conclusión final de esta crítica de 12 años de esclavitud, es que estamos ante una película absolutamente imprescindible, con unas interpretaciones exquisitas, pero que no se disfruta… se sufre, y así debe ser. Es una historia humana, sin más pretensión que hacernos posar la mirada en un suceso histórico cuyos ecos siguen resonando en la actualidad. Y es a través de los ojos de Solomon Northup y su mirada sobrecogedora que sentimos vergüenza y tomamos conciencia de lo bajo que puede llegar a caer el ser humano cuando la ignorancia, los prejuicios y el odio se abren paso en una sociedad.

Tráiler de 12 años de esclavitud